15 febrero 2007
LA PARTE DE ATRÁS DEL COCHE
La parte de atrás del coche era mía. Yo era (soy) hija única, así que mis padres iban delante, roles establecidos, y yo disfrutaba de mi propia república en la parte de atrás. Pasé mucho tiempo allí sola. Sentí muchas cosas allí, seguro, aunque ahora ya solo recuerdo algunas. Recuerdo por ejemplo que me ponía inmensamente triste adelantar a los caminones. Sentía que ellos eran grandes, y pesados, y por eso iban más despacio que los demás. Me daba mucha pena ver como todos los coches les adelantábamos sin ningún tipo de miramiento, y ellos se quedaban atrás, grandes y pesados, y nosotros, ligeros, nos los quitábamos de delante. Pensaba "si fuéra yo la que conduce, os haría compañía para que no os sintierais solos". Algunas veces incluso lloraba en silencio. Mis padres nunca se enteraron, de lo que deduzco que ésto no era una sensación que yo me montaba para llamar la atención, como muchas otras. Ésto yo lo sentía realmente, solidaridad hacia los camiones, y me parece curioso.También recuerdo cómo pude empezar a hacerme dura y egoísta. Yo solía tumbarme en la parte de atrás, a modo de cama. Se iba genial! Con el traquetreo, los baches, jugando a cerrar los ojos y adivinar el camino... Casi siempre me dormía. Me encantaba acomodarme, acurrucarme allí, y dejarme llevar, transportar literalmente. Y a menudo también, me despertaba con las discusiones de mis padres. De repente los gritos, me sacaban de mis sueños, y me devolvían allí. Recuerdo bien la sensación. No sabía bien qué pensar, quién tendría la razón... Ponía atención para enterarme de lo que había pasado. Era como una sensación de alerta! Eso es, de alerta. Y me cobijaba en mi parte de atrás, preocupada, esperando a que todo se calmara. Pero pasado no tengo ni idea de cuánto tiempo, quizá dos años, mi actitud cambió. Yo seguía en mi parte de atrás, sola, eso nunca cambiaba (de ahí que fuera una aventura cuando llevábamos a alguien en el coche! y más si era de mi edad! Cómo me alborotaba!) . La cuestión es que empezó a darme igual despertarme con discusiones. Quiero decir, no es que me diera igual, es que empezó a no afectarme. No se si lo hice yo misma, o se hizo solo. Pero creo que empecé a ser más fría. A no dejarme afectar por las sensaciones. Mis padres discutían, y yo pensaba en cómo dejar de oírles. Con el tiempo, ya ni me despertaba. Con más tiempo, ya sólo pensaba en mi. Con más tiempo, aprendí a apovecharme de las discordias fraternales, y usarlas en mi propio beneficio. Con el tiempo, la perte de atrás del coche se convirtió en algo aborrecible. Ahora, cada uno de mis padres tiene un coche diferente, y yo me siento en el asiento de delante y me pongo el cinturón.
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